Armamos el conjunto según el puesto: filipina, delantal de lona, cofia y pantalón de cocina, con tallaje por brigada y telas pensadas para lavado industrial repetido.
Nos cuentas cuántas personas son, qué puestos cubren y en qué condiciones trabajan: línea caliente, parrilla, pastelería o barra. Revisamos si necesitan filipinas, delantales de lona, cofias o pantalones, y si hay logo o nombre que bordar. De ahí sale una lista concreta de prendas por talla.
Según el uso, proponemos sarga mixta, lona de algodón o malla transpirable en espalda y axilas. Definimos dónde van los refuerzos de cuero ecológico, los bolsillos y las trabillas. Si el equipo lava a diario en lavandería industrial, ajustamos gramaje y acabado antiarrugas para que aguante los ciclos.
Antes de cortar el lote completo, entregamos una muestra para probar en cocina. Se confirma el largo del delantal, la caída del peto, el cierre cruzado de la filipina y el calce del pantalón en cuclillas. Corregimos lo que haga falta y fijamos la tabla de tallas definitiva.
El lote se corta y se cose con puntadas reforzadas en hombros, sisas, cintura y esquinas de bolsillo, que son los puntos donde revienta un uniforme barato. Cada prenda pasa revisión de costura, remate de hilos y verificación de talla antes de embolsarse por persona.
Los uniformes llegan separados y rotulados por nombre o talla, listos para repartir el primer día. Guardamos el patrón y la ficha técnica del pedido, así la próxima reposición sale idéntica sin volver a medir a todo el equipo.